La jornada comienza en el puerto, rodeada de embarcaciones y actividad pesquera. El grupo descubre cómo el mar ha dado forma a los oficios, la gastronomía y la identidad local.
Una ruta panorámica abre después las vistas hacia la sierra y la costa. El contraste entre montaña y agua aporta variedad y convierte cada parada en una nueva perspectiva del destino.
La actividad puede incluir un reto fotográfico o una dinámica por equipos. Los participantes colaboran para interpretar pistas y reunir imágenes que cuenten su propia versión del recorrido.
El premio final espera en una mesa de cocina marinera, con productos frescos y recetas vinculadas al puerto. La comida celebra tanto el territorio como los logros del grupo.
El viaje termina con una combinación equilibrada de descubrimiento, actividad y placer. Una recompensa completa que une paisaje, cultura y relaciones de equipo.



